Manejar dinero es una tarea que demanda atención, planificación y responsabilidad, sobre todo cuando ella incide sobre el patrimonio personal. Muchas veces las decisiones más difíciles se solucionan con una buena estrategia de administración, que además evita muchos dolores de cabeza.
Es por eso que desde Martínez y Martínez queremos compartir una de las mejores herramientas de planificación financiera, en la que se basa cualquier estrategia: la planificación del gasto. Esta consiste en dividir los ingresos en gastos fijos y variables, y separar una porción de lo ingresado para el ahorro y la reinversión.
Para una buena planificación del gasto, es necesario familiarizarse con los siguientes conceptos:
Gastos Fijos
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Los Gastos Fijos son aquellos que es necesario atender cada mes. Son lo que podemos llamar obligaciones de cumplimiento obligatorio. Dada su importancia resulta vital tener claridad a la hora de diferenciar estos gastos de los variables, para saber cuál es el capital necesario para afrontar esas obligaciones.
Algunos ejemplos de estos gastos son: alquiler, expensas, obra social, seguros, colegio, y servicios como la luz, el gas o el agua entre otros. Para conservar una economía estable del negocio o del hogar, es importante que la suma de estos gastos no supere el 50% del ingreso.
Un dato muy importante a la hora de contemplar los gastos fijos particulares, es tomar en cuenta los consumos de tarjeta de crédito, ya que la tarjeta, para ser usada de modo adecuado, debe estar al día, y esto significa por lo general pagarla cada mes, al igual que los ejemplos mencionados antes.
Este asunto cobra relevancia a la hora de realizar compras con tarjeta de crédito, ya que quizá son gastos variables, pero se convierten en fijos si son financiados por el plástico.
Gastos Variables
Los Gastos Variables en cambio, son aquellos cuyo valor puede variar de un mes a otro, o que pueden no realizarse en función de la época, el concepto y los motivos del gasto. Son también los gastos cuyo monto es elegible, por ejemplo alimentación o esparcimiento; los valores del gasto pueden variar y es elegible gastar más o menos, a diferencia de los gastos fijos, cuyo importe a pagar no puede ser modificado.
Otros ejemplos de gasto variable son viajes, salidas, viáticos, hobbys, extras, regalos, etcétera.
La suma total de estos gastos, no debería superar el 30% de los ingresos.
Ahorro
Existe la visión común de que el ahorro es el dinero que sobra. Este es un punto de vista un poco polémico, ya que dependiendo del tipo de emprendimiento o del tipo de consumidor, el dinero no suele sobrar, y si así resulta, lo conveniente muchas veces es reinvertirlo. Es común que este pensamiento lleve a incrementar los gastos variables, y a incurrir muchas veces en compras innecesarias, o en consumos irresponsables que terminan despilfarrando un valioso capital, con la consiguiente distorsión para nuestras finanzas.
Al margen de esta polémica, el ahorro como buena práctica financiera constituye idealmente el 20% del dinero que ingresa. Este dinero puede dividirse en Fondo de emergencia, y en objetivos a corto, mediano y largo plazo (o sea, potenciales inversiones).
La regla del 50, 30, 20 es simplemente esto; distribuir el gasto de manera porcentual sobre la base del ingreso generado. Con esta herramienta en mente, es posible ahorrar, medirse y también hacer crecer un negocio.
Como alternativa y tip extra, recomendamos llevar una planilla de excel con estos conceptos diferenciados, de manera que nunca se escape un gasto de nuestros ojos.
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